Preguntas Frecuentes

Preguntas Frecuentes

Cualquier persona que quiera mejorar su calidad de vida y conocerse a sí misma.

Depende de las necesidades y los avances que vaya incorporando la persona durante la aplicación del tratamiento.

Las sesiones son de 50 minutos.

Normalmente, se realiza una sesión a la semana.

Es un proceso en el que se aplica un tratamiento y se aportan los aprendizajes y recursos necesarios para que la persona pueda restablecer, mantener y mejorar sus capacidades para afrontar su problemática personal de una manera adaptativa y funcional.

El psiquiatra atesora una formación en medicina general previa a la específica en psiquiatría. La formación del psicólogo clínico está orientada a la evaluación, diagnóstico y tratamiento de trastornos mentales y, en ciertos casos, trabaja conjuntamente con el psiquiatra.

No. Dependiendo de la personalidad de la persona, de su problemática y de sus circunstancias, se hará uso de diferentes técnicas (cognitivo-conductuales, gestálticas, sistémicas…), todas ellas enmarcadas dentro de una misma línea de trabajo.

En una primera instancia, el mejor indicativo es el nivel de confianza que tenga la persona con su psicólogo.

Principalmente, porque cuando remiten minimamente los síntomas aparecen pensamientos del tipo: “bah, no era para tanto”, “no estoy tan mal”, “yo soy así”, “en realidad no me hace falta”, «es cuestión de tiempo…»

Frecuentemente, por problemas de stress, ansiedad, depresión, conflictos afectivos no resueltos, fobias, miedos, adicciones, dificultades en las relaciones, baja autoestima…

Sí, y además está corroborado por innumerables estudios avalados científicamente. No obstante, eso no significa que, como en todos los órdenes de la vida, no existan también fracasos.

Normalmente, nada que sea obligatorio puede dar resultados positivos, ni para el paciente, ni para el psicólogo.

Siempre que sientas que estás sufriendo, ya sea por problemas emocionales, conductas desproporcionadas, obsesiones, cambios bruscos de ánimo…, y que no te ves capaz de afrontar de una manera adaptativa por ti mismo.

En otras ocasiones, la motivación viene por el hecho de querer un mayor conocimiento de sí mismo, o por ejemplo, el aprender e integrar en su personalidad nuevos recursos personales como: mayor autoestima, habilidades sociales y de resolución de problemas, comunicación asertiva, inteligencia emocional…

Entre otras muchas cosas, el mero hecho de estar acompañado por un psicólogo, la Psicoterapia le va a permitir tomar una mayor conciencia de su problemática, no sólo desde lo intelectual, sino también desde los aspectos emocionales, conductuales e incluso, transpersonales (espirituales).

Además, la Psicoterapia atesora numerosas técnicas y ejercicios que van a conseguir que emerjan muchos patrones inconscientes, y la persona se «dé cuenta» por sí misma y con total claridad, de todos aquellos factores (pensamientos, emociones y conductas) que están manteniendo su problema y por lo tanto, postergando su resolución.

Una vez que se alcanza una mayor comprensión de la problemática personal, la persona obtendrá una mayor percepción de sí misma y con ello, la capacidad de tomar decisiones adecuadas a sus necesidades, percibiéndose con mayor autonomía y bienestar en su vida, que a fin de cuentas es el objeto de la Psicoterapia.

Ya, desde la primera sesión, la persona que acude a terapia puede saber si se ha sentido a gusto con el/la terapeuta, si el contenido ha dado como resultado sensaciones de confianza, alivio, esperanza, mayor energía…

No, ya que aunque el psicólogo está formado en psicofarmacología, no está autorizado a prescribir medicación alguna. No obstante, si la medicación se considera necesaria, el paciente sería remitido a un psiquiatra (que sí está autorizado) y a partir de ese momento, psicólogo y psiquiatra trabajarían conjuntamente.